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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Actual cambio climático. Resumen: ¿Qué está pasando?

Publicado el 14 del 11 de 2012

Desde cierta perspectiva podría considerarse presuntuoso escribir este título si consideramos que más de la mitad del conocimiento que tenemos hoy en día del calentamiento global provocado por la actividad humana quedó establecido al final de la segunda mitad del siglo XX y que en realidad se lleva estudiando desde los inicios del siglo pasado, por lo que no es un fenómeno en absoluto desconocido. No obstante, ciertos conocimientos científicos, (y como conocimiento, me refiero a hechos que ya han superado los procedimientos del método científico), suelen ser rechazados, al menos en un principio, por ciertos poderes bien establecidos, por la mayoría de los medios de comunicación y como consecuencia final, por la sociedad, debido a los inconvenientes que les, y finalmente, al menos al principio, nos, supondría admitirlos. Este es claramente uno de ellos. De hecho, esto supone la certeza más impactante que fue transmitida en la película-documental de Al Gore: Que la respuesta a la pregunta elegida aquí como título, aunque no totalmente acotada supone eso, “Una verdad incómoda”, (aunque en realidad, para la mayoría, será más incómodo ignorarla).

Pese a las pruebas de que se estaba produciendo un aumento constante de los niveles de CO2 atmosférico debido a la actividad industrial y que este estaba relacionado con el calentamiento global (Kelling), se hicieron enormes esfuerzos para desmentir dichos hechos. Cuando el cambio climático no podía negarse por más tiempo, se intentó convencer de que se debía a eventos o fenómenos ajenos a la actividad humana. Cuando fue imposible tal propósito se trató de minimizar el efecto de este cambio climático. Y posteriormente se intentó usar la falta de resultados y pronósticos exactos de la ciencia a este respecto para invalidar sus predicciones y justificar la pasividad global ante la situación, desvirtuando de paso, en numerosas ocasiones, la seriedad de muchos estudios científicos a nivel social. El lema, evidentemente absurdo e incongruente era; “no se puede evitar que ocurra algo si no sabemos con absoluta exactitud en qué consistirá ese algo”.


En resumen, desde que los estudios sobre cambio climático se han manifestado a la sociedad, esta ha sufrido sutiles y también descarados engaños por parte de poderes a los que no les interesaba que dicho conocimiento se transmitiera globalmente.

El problema reside en un fenómeno que siempre ha ocurrido reiteradamente en la historia de la humanidad y que en más ocasiones de las deseadas ha afectado negativamente a la convivencia humana: “Basta que una sola persona, que un grupo o que una entidad tenga un poder mayoritario dependiente de que un determinado conocimiento no se difunda, para que ese conocimiento producto de una mayoría sin poder, no se difunda o para que se tergiverse”. Es lo que podría denominarse la dictadura de la ignorancia o de la confusión, y como ya adelanté, ya había ocurrido en muchas ocasiones en el pasado por parte por ejemplo de la Iglesia Católica. Ahora, el poder que se quiere mantener bajo la dominancia de una sociedad preferiblemente ignorante, lo poseen, sobre todo, ciertos grupos empresariales o coorporaciones suficientemente poderosas para dirigir las decisiones de gobiernos enteros, como pueden ser las empresas energéticas y las armamentísticas.

A lo largo de la historia el engaño ha sido utilizado como medio para mantener el poder económico, político y espiritual en infinidad de ocasiones. Pero actualmente, el peligro que entraña este método no afecta a un grupo social o a una región determinada del planeta, sino que puede afectar a toda un ecosistema planetario, la bioesfera. Y a lo que a nosotros nos debería importar más; a toda nuestra civilización.

Actualmente, la certeza científica de que existe cambio climático por calentamiento global provocado por la actividad humana y el hecho de la impredecibilidad relativa de a lo que esto nos puede llevar, está asumido casi globalmente. También está admitido por casi todos los gobiernos que pese a que la ciencia es incapaz de predecir con exactitud las consecuencias de este fenómeno, estas varían desde la incomodidad para determinadas poblaciones o la dificultad para la supervivencia en algunos puntos del planeta, hasta la generación de guerras por recursos hídricos o la generación de una nueva guerra global abierta, (la tercera y probablemente la última guerra mundial declarada abiertamente). Es necesario aclarar pues, que las consecuencias de las posibles respuestas de la civilización humana al cambio climático pueden llegar a ser más catastróficas que el efecto directo del cambio climático sobre nosotros y los ecosistemas, per se, si es que es posible separar ambas cosas.

El glaciar Tso Rolpa, en el centro de Nepal, también se ve afectado por el cambio climático. Crédito: Kishor Rimal/IPS
Lago producido por el descongelamiento de un glaciar. Fuente: http://flic.kr/p/8SygEy

Pero previamente a analizar la respuesta social y mundial respecto al cambio climático y los motivos de dicha respuesta, trataré a continuación el tema en cuestión con un poco más de calma


Actual calentamiento global I: ¿Qué papel tiene la atmósfera terrestre en los cambios de temperatura terrestre?



martes, 13 de noviembre de 2012

Actual cambio climático I: ¿Qué papel tiene la atmósfera terrestre en los cambios de temperatura terrestre?



Publicado el 13 del 11 de 2012

Viene de aquí.

Una respuesta muy breve a esta pregunta podría ser: Junto con los océanos y, evidentemente, junto con la fuente predominante de calor para la Tierra; el Sol, los tiene todos. Pues la atmósfera, junto a los océanos, distribuye la temperatura por todo el globo, a lo largo de la capa terrestre denominada bioesfera de una forma relativamente homogénea, si comparamos la temperatura a lo largo de un astro sin atmósfera con la de este. Pero además, la atmósfera retiene el calor del sol. Un astro sin atmósfera y sin océanos líquidos como la Luna no presenta ninguna amortiguación de la temperatura en su superficie y de noche, cuando el sol no incide sobre ella, esta presenta una temperatura muy cercana a la que hay en el espacio exterior.

Se asume que la atmósfera terrestre se produjo en sus primeros millones de años por causa de la retención gravitatoria de gases liberados por la intensa actividad volcánica existente en esa etapa de la Tierra y por aportaciónes meteoríticas que colisionaban con la Tierra. La primera atmósfera era pues no oxidante o al menos no tan oxidante como la actual. Se presume que el cambio a la atmósfera oxidante (que seguramente debió presentar mucho mayor pocentaje de oxígeno que la de ahora) se debió a la liberación de oxígenomolecular como residuo metabólico de los primeros seres fotosintéticos.

Actualmente, la actividad volcánica no supone un gran aporte de gases a la atmósfera y dado que la órbitas de los cuerpos celestes más grandes trazan trayectorias bastante limpias de rumbos de colisión, tras miles de millones de años de colisiones en el sistema solar, la aportación de gases por parte de meteoritos es tan escasa que puede decirse que es cero. Así pues, puede decirse que la composición de la atmósfera terrestre ya no varía apreciablemente debido a procesos geológicos y está formada mayoritariamente por O2, N2 y CO2 manteniéndose a lo largo del tiempo a unas concentraciones determinadas y relativamente constantes debido a la actividad biológica. (Siguiendo las explicaciones de Lovelock, en sus simulaciones, podemos entender que, al margen del ser humano, la vida en la Tierra no tiene en absoluto ninguna pretensión de mantener unas condiciones terrestres medianamente óptimas para ella misma, y sin embargo, lo hace). 

La gran mayoría de los organismos vivos terrestres son tremendamente sensibles a las consecuencias que los cambios de concentración atmosférica de algunos de estos gases pueden producir en la Tierra. Tanto es así, que actualmente se asocian algunas grandes extinciones ocurridas a lo largo de la historia de la Tierra directamente a cambios climáticos provocados a su vez por un cambio en los niveles de los distintos gases de la atmósfera.

Así pues, pese a que la órbita terrestre en torno al Sol (que es elíptica), la cambiante actividad solar, los movimientos de las masas de agua en la Tierra y la inclinación del eje de rotación terrestre (que tampoco es constante), son causantes de variaciones globales a lo largo del tiempo en la temperatura media de la biosfera, el papel que ejerce la atmósfera sobre su temperatura global es incuestionablemente relevante, y en su ausencia, nuestro planeta presentaría una variación de temperaturas a lo largo de su geografía similares a las de la Luna, que presenta unos 123 ºC de temperatura máxima de día y -153 ºC de mínima de noche en el ecuador.

Pero, ¿a que se debe esto?

La principal fuente de calor de nuestro planeta es la radiación infrarroja (longitud de onda por debajo de la longitud de onda de luz correspondiente a la que vemos como rojo) proveniente de nuestra estrella, el Sol. Este calor es inmediatamente reflejado por la superficie terrestre, de modo que en ausencia de atmósfera terrestre, este sería  devuelto al espacio casi en su totalidad. Sin embargo, gracias a la composición de la atmósfera de nuestro planeta, esta actúa como una pantalla que impide la salida de gran parte de esa radiación rebotada por la superficie. Además, la atmósfera, junto con los océanos, actúa hasta cierto punto como un disipador del calor por todas las partes del globo, lo cual evita el calentamiento excesivo de la superficie terrestre.

Al efecto pantalla sobre la radiación solar que provoca la atmósfera se le denomina efecto invernadero y fue y es indispensable para el mantenimiento de la vida en la Tierra, pues como ya se ha indicado, la vida terrestre, o al menos la mayor parte de la vida terrestre, requiere un margen bastante acotado de condiciones de temperatura para subsistir.

Balance anual de energía de la Tierra desarrollado por Trenberth, Fasullo y Kiehl de la NCAR en 2008. Se basa en datos del periodo de marzo de 2000 a mayo de 2004 y es una actualización de su trabajo publicado en 1997. La superficie de la Tierra recibe del Sol 161 w/m2 y del efecto invernadero de la atmósfera 333w/m², en total 494 w/m2. Como la superficie de la Tierra emite un total de 493 w/m2 (17+80+396), esto supone una absorción neta de calor de 0,9 w/m2, que en el tiempo actual está provocando el calentamiento de la Tierra. (Fuente: Wikipedia)

Aunque existen más, actualmente, el principal gas causante de este efecto invernadero es el CO2. Este gas es producido naturalmente por la respiración oxidativa en organismos del reino animal y por los organismos vegetales en ausencia de luz, cuando la fotosíntesis es inviable, y se consume por la fotosíntesis, en presencia de luz, en plantas, y algas uni- y pluricelulares y en algunos procariotas que como residuo emiten O2 a la atmósfera así como en algunos animales que lo usan para formar estrucuras calcáreas como el coral. Se asume que el equilibrio relativo entre estos dos gases comenzó a suceder con la aparición de los primeros seres unicelulares fotosintéticos, hace unos 4.000 millones de años.

La intervención de mecanismos abióticos en la proporción de gases O2/CO2 también existe y se debe al aporte de CO2 por parte de la actividad volcánica, aunque en este caso y en la actualidad, la carga de este gas a nivel global que esta actividad aporta es tan ínfima que puede menospreciarse. 



lunes, 12 de noviembre de 2012

Actual cambio climático II: ¿Qué provoca el cambio climático que vivimos actualmente?


Viene de aquí.



Así pues, la cercanía de la Tierra al Sol, la actividad volcánica y el efecto invernadero fueron y son factores cruciales que permitieron el mantenimiento de un "clima global" en nuestro planeta con una distribución de energía calorífica a lo largo de la inmensa mayor parte de de toda la superficie de los océandos y mares, tanto durante el día como durante la noche, de más de 0 ºC. Esto, junto con el propio movimiento de las masas de agua, posibilitó la presencia continuada de este agua en estado líquido a lo largo de la superficie y de toda la columna de agua de los océnaos, permitiendo, por lo tanto, el sustento de la vida, desde hace más de un siglo. Pero recientemente, desde el siglo XX, a este balance de temperaturas se le ha unido el efecto térmico de una muy importante carga anual de CO2 en la atmósfera producto de la actividad humana que no ha cesado de incrementar. Un aumento que además, lejos de ser constante, es exponencial. Las fuentes de este CO2 "humano" fueron consecuencia, por orden cronológico, de la actividad industrial de nuestra civilización por la combustión de madera, de carbón, de petróleo y de gas natural.

Con el tiempo, el desarrollo tecnológico mejoró la optimización de la energía de modo que cada vez fue contaminando menos por unidad de energía obtenida, pero la naturaleza de las fuentes y la tecnología usada para la obtención de energía, en definitiva no cambiaron de forma significativa (año 2012) y el aumento progresivo del consumo energético en el mundo hace que el aumento anual de la concentración de CO2 en la atmósfera no cese.   

  

Emisión de gases de efecto invernadero provocada por la industria (Fuente: Wikipedia)

A esto hay que sumarle el exceso de metano producido por la ganadería intensiva, cuyo papel en el efecto invernadero es también importante, aunque, al menos por el momento, por su cantidad e incremento neto, el CO2 le supera en importancia a este respecto. También hay que considerar el hecho de que la humanidad está impidiendo el reciclaje natural del CO2 atmosférico al destruir las grandes masas vegetales de la Tierra o al provocar una disminución del crecimiento de algas en los mares cubiertos de plásticos o contaminación tanto flotante conmo en disolución del agua, oscureciendo la superficie de cualquier gran masa de agua. Cabe indicar también que existen otros mecanismos de fijación de CO2 que pueden desestabilizarse a causa del cambio climático provocando su retroalimentación positiva, como es el caso de la destrucción del coral por aumento de las temperaturas de los fondos poco profundos de los océanos. Y es importante añadir que el calentamiento de los hielos del Ártico y de la Antártida pueden repercutir en la liberación de metano y otros gases de efecto invernadero que habían quedado atrapados en ellos en el pasado.

Además, el deshielo del ártico provoca que su superficie blanca disminuya y con ello también disminuye la intensidad de radiación calorífica (infrarrojos) reflejada a la atmósfera, lo cual repercute una vez más en una retroalimentación positiva en el cambio climático por absorción de más calor por parte de la bioesfera terrestre.

Panorámica desde el espacio de los efectos producidos por la deforestación en los bosques tropicales del sudeste asiático (Fuente: Wikipedia)
Últimamente (2012), el cambio climático está teniendo una enorme repercusión social y abarca tanto niveles políticos, como científicos y tecnológicos. Desde mediados del siglo XX se han realizado numerosísimos estudios respecto al tema sin financiación privada de ninguna empresa o compañía, y el número de estos estudios no hace más que incrementarse con el tiempo. La comunidad científica ha llegado a conclusiones unánimes en varios aspectos al respecto, siendo los tres puntos más relevantes el hecho de que la Tierra está sufriendo uno de los más rápidos cambios climáticos conocidos que ha sufrido a lo largo de su historia, que este es directamente dependiente de la concentración de CO2 en la atmósfera, aunque otros gases también lo propician, y que la mayor parte de incremento de estos gases en la atmósfera producido desde inicios del siglo XX se debe directamente a la actividad humana. 

Las predicciones de lo que puede llegar a ocurrir están sujetas a una duda científica justificable, y a este respecto se están centrando las investigaciones actualmente. Sin embargo, desde hace tiempo, aunque parezca que la ciencia ha empezado a darse cuenta ahora, no hay duda de que el clima está cambiando desde hace más de medio siglo principalmente por acción humana, y de que este cambio continuará sin cesar al menos durante varias décadas más, pese a las medidas que se tomen a partir de ahora para remediarlo. 

Es decir, el cambio climático provocado por el ser humano ya no se puede prevenir, porque está ocurriendo desde hace quizá un siglo. Y lo que sufra la Tierra de aquí a dos décadas vendrá determinado en gran parte por el CO2 y el metano entre otros gases, emitidos desde la época industrial hasta la fecha. 

Para explicarlo de alguna manera más intuitiva, muchos científicos comparan el cambio climático con un tren de alta velocidad cuyos frenos comienzan a actuar sobre las ruedas veinte años después de activar el sistema de frenado, y a ello hay que sumarle después, su inercia. Esto implica que aunque la máquina pueda pararse en algún momento todavía sin determinar, ya es imposible evitar que esta recorra cierta distancia antes de detenerse.