Páginas vistas en total

martes, 30 de abril de 2047

El límite. Ya en amazon

Mi versión de "Cuando ya no esté" de Iñaki Gabilondo está en:





El libro lo podeis encontrar en amazon.com AQUÍ.

Aquí os dejo un link de contacto: deckarddpl@gmail.com

Los Viernes, los Domingos y algún Sábado (excepto del 12 al 23 de Abril) por la tarde estaré aquí, por si quereis firmas del autor: https://www.guiadelocio.com/pontevedra/tarde-y-noche/vigo/cafe-millenium
Y aquí mismo teneis el prólogo y el primer capítulo del libro:




sábado, 15 de junio de 2019

La autodestrucción del capitalismo neoliberal



No soy experto en el tema ni mucho menos pero de forma un tanto reduccionista aquí voy a tratar de explicar noiones básicas y genertalistas de cómo la mayor parte del mundo se desenvolvió económicamente desde la  guerra fría hasta la actualidad.


El cambio climático solo es una prueba de que el capitalismo entendido como lo que en teoría debería ser: un sistema que debería mantener la economía y un nivel de vida aceptable para las personas en base a la producción masiva de productos necesarios y de una cantidad ingente de productos innecesarios, sostenida por la tendencia al hiperconsumo entre la población, que al mismo tiempo debería reducir el coste, y por lo tanto el precio de lo producido por la mejora constante de los medios de producción, se traduce por sí mismo en una enfermedad planetaria. La adicción de la civilización al hiperconsumo de recursos con una población de humanos al alza y con crecientes expectativas de vida hacen que nuestros efectos sobre el globo alcancen un nivel geológico, alterando, por lo tanto, todos los ecosistemas de la bioesfera terrestre.

No obstante, los problemas reales empiezan quizá antes, dado que ese capitalismo no es el que predomina en el mundo. El sistema económico terrestre en realidad no se basa en los recursos existentes de la Tierra y nuestra capacidad de explotación. Una inmensa parte del dinero del mundo con el que todos pagamos servicios, contratos, impuestos o el que cobramos hasta que una máquina nos quite el puesto de trabajo, proviene básicamente de apuestas en lo que denominamos mercados, que nos son más que las conocidas bolsas mundiales. Y una apuesta es a futuro, es decir, una pura especulación. ¿Y qué es lo que se apuesta?. Pues básicamente productos financieros. Un producto financiero puede ser una empresa, por ejemplo. 

Y como hemos comenzado a hablar de producción y consumo en el capitalismo, vamos a traducir todo esto a una empresa; una empresa puede ir mal, que si alguien, un conjunto de personas o lo que es lo mismo, una entidad bancaria decide apostar por ella, esta empresa irá bien, al menos desde el punto de vista de la liquidación, es decir, de los recursos económicos, hasta que dejen de apostar por ella. Lo que cabría esperar, es que si a esa empresa que le va mal le ocurre esto, esta aprovechara esa ventaja para empezar a realizar cambios para otorgar a los mercados la confianza suficiente como para que la banca siga apostando por ella. Y ahí empieza el juego, con la confianza. La mayor parte de las empresas más relevantes del mundo no se sostienen por la producción y sus ventas per se, sino porque estos parámetros proporcionan la suficiente confianza a los mercados para que bancos o usuarios individuales apuesten por su futuro. Pero la situación de las apuestas se complica en varios niveles:

En primer lugar, la realidad de los mercados es que no se apuesta por productos finacieros solamente, muchas veces, al apostar por una empresa estás apostando pasivamente a que a otras empresas competidoras de esta, que no tienes por qué conocer, les vaya mal. El caso es que al margen de esto, existe la posibilidad de apostar directamente a que a una empresa en concreto o a un conjunto de empresas a un país o a un continente entero les vaya mal.
En segundo lugar, al ser productos financieros, nadie tiene por qué saber en qué empresa se está apostando en cada momento y en la mayoría de los casos solo se apuesta en base al prestigio de los nombres de empresas que se supone que exisen y que hacen cosas. Un ejemplo de esto es ENRON, que aunque tenía todas las etiquetas que hacían pensar que era una empresa, en realidad se supo que no hacía nada más que construir algún cimiento de alguna estructura en la India que abandonaba tras hacer la foto de rigor.

Pero es que además el sistema financiero evolucionó hasta el punto de que los productos financieros se conviertieron en paquetes de distintas apuestas a favor o en contra de valores del mercado de empresas que se supone que existen y hacen cosas. Es decir, la ingeniería financiera evolucionó a que puedan realizarse apuestas sobre a qué va a apostar una u otra entidad.

Con esto ya se puede deducir que existe una desconexión tan grande con la producción de las cosas y con la extracción de recursos que tuvieron que idear un sistema por el cual alguna otra empresa calificara los productos financieros de modo que el que apuesta a un paquete de valores pueda tener la sensación de que conoce la probabilidad de éxito de su apuesta. Pero claro, de por sí esto es ridículo dado que si la economía básicamente ya se basa en apuestas y no en producción y recursos, la seguridad de que el producto financiero al que apuestas sea de buena calidad solo dependerá de si el vendedor de ese producto te ofrece confianza sacada de la más absoluta nada. 

Una forma de ofrecer confianza al comprador es la de decirle que el valor del producto financiero depende de la economía de un país, y claro, como en un país vive gente pues es difícil creer que ese valor se desvanecerá pues querrá decir que toda la población de ese país estaría corriendo riesgo de miseria. Pues bien, el problema en sí mismo es que el país respectivo no está viviendo al margen de este sistema de apuestas por lo que no es imposible que el país alcance la miseria. De hecho, cualquier intervención pública del presidente de la Comisión Europea no tiene otro motivo que no sea el de declarar y enfatizar que el valor del euro es confiable cuando existen otras fuerzas que ivulgan la desconfianza en el mismo. Y es que como ya se puede deducir de lo leído, la economía mundial está básicamente basada en las emociones humanas que motivan a unos u a otros a apostar por valores que son, todos ellos, absolutamente irreales. 

Por lo que finalmente lo que más se teme en la economía no es exactamente que ocurra una hambruna en los alrededores del Sahara, un terremoto con peligro de contaminación radioactiva o la desaparición de los servicios de salud públicos de un país. Lo que más se teme en economía es que cunda el miedo en los inversores. 

Entonces, con la intención inicial de evitar que un contagio global de miedo afecte drásticamente a la economía mundial se diseñaron los programas de inversión, y hablo literalmente de programas informáticos que te realizan una expectativa de evolución de valores basándose en una inmensidad de datos acerca de la evolución de valores pasados y en la extracción de patrones de comportamiento de estos y de comportamientos humanos. Con esto ya es difícil imaginar una artficiosidad en la economía humana mayor que la que vivimos actualmente.


¿Cuáles son las consecuencias de todo esto?

Bueno, ya hemos sido testigos de una de ellas. Hablo de la crisis del 2008, y si habéis leído bien ya sabréis que “crisis” solo fue la palabra elegida para tratar de que la confianza volviese pronto a los consumidores y a los mercados aportándole a todo este incomensurable e interminable problema una falsa connotación de perecederidad.

Y lo que ocurrió ese año fue que la banca americana que había otorgado prestamos en forma de hipotecas a población que no tenía ningún índicio de poder devolverlos, requirió de liquidez. Al pedir un porentaje de devolución de los mismos, se encontró con la realidad de que los clientes no tenían posibilidad de devolverlos. A estos productos financieros en forma de préstamos hipotecarios se les llamó hipotecas subprime y al no existir posibilidad de pago, su valor dejó de existir de inmediato. Esto tuvo consecuencias en todo el mercado dado que este hasta ese momento estaba negociando con dinero que no existía en realidad y era tan inmenso el negocio de las hipotecas en Estados Unidos, era tan inraizado y conectaba a tantas entidades financieras que la ola de agravios cruzó el oceáno hasta llegar a Europa a travé s del paraíso fiscal londinense de la City. Alguien debía pagar esa deuda del negocio fantasma y hubo damnificados en Estados Unidos y en Europa, en concreto, uno de los más damnificados de los países europeos fue España, en dónde la capacidad de negociación con las órdenes provenientes de la banca alemana y el banco central europeo fueron absolutamente nulas. Y no sé yo si la laba en inglés de nuestro queridísimo presidente Marianico y sus dotes diplomáticas tuvieron algo que ver. Porque en realidad, al fin y al cabo, las cosas se resuelven ante una mesa en una conversación. Y Raxoi está más acostumbrado a hincarse ante pedestales y luego hablar por la voz suprema dictaminando los siguientes mandamientos a sus corderitos y a las ovejas negras del rebaño que aún no huyeron del país.

Y es que nos intentaron meter en la cabeza que todos los países estaban pagando el plato roto, y que era un plato universal con causas globales. Pero aunque no se pararon mucho en explicarlo, lo que sucedió es que junto al daño del “tejido” financiero occidental que se había producido vino a España cual efecto dominó una ola imparable de desconfianza financiera. Y la desconfianza financiera promovió la revisión del estado de las deudas, de las deudas de la ciudadanía, claro. No iban a revisar las deudas de entidades que tuvieran en su poder bombas atómicas como Estados Unidos. Antes de nada, se revisa a aquellos que puedes exprimir y que no tengan ningún tipo de poder para evitarlo. Así que se reestructuraron los préstamos y las hipotecas. El negocio de la inmobiliaria iba a dejar de ser lo que era, por lo que los inversores fueron los primeros en retirarse del esperado suicidio de su propio problema endémico que había sido la base económica que sustentaba el eslogan del “España va bien” de Aznar; la burbúja financiera que estaba esperando a estallar y que estalló.   

Sin ser economista, la oleada de desconfianza económica que sufrió especialmente España durante esos años, junto con las consecuencias de darnos cuenta de que no teníamos una base económica sostenible, a mi me sorprende que esta sociedad aún no haya fracasado por completo. Porque las plagas vinieron juntas y aún ni hemos cambiado el sistema económico y seguimos basando nuestra economía en producción de mediana calidad y en turismo de calidad mediocre para un estado de la UE, hemos alcanzado una precariedad laboral de récord en la UE, estamos en periodo de devolución a Europa del dinero europeo que se ha despilfarrado y robado sin pausa durante las legislaturas de Aznar y se está expresando como nunca antes durante la “democracia” española los disentimientos de identidad nacional de siempre, dado que nunca se han tratado con seiredad y tranquilidad, y la evidente parcialidad y la dependencia política hacen dudar de si en este país existe algún código que recuerde a una democracia. 

Pese a que la situación de España ha empeorado notoriamente en una inmensidad de aspectos y no hay ningún atisbo de cambio de rumbo, si es que eso es factible aún, existe una preocupación aún mayor. Y es que el funcionamiento del sistema en el resto del mundo al respecto de la economía no han cambiado en lo más mínimo. Bueno, hay tendencias al proteccionismo que también lleva a otro tipo de suicidio. Pero lo cierto es que lo que denominaron “crisis”, las élites dicen haberla superado. Lo cual es falso dado que más bien se beneficiaron de ella extrayendo ganancias a niveles poco usuales en la historia de la humanidad mientras han creado mayor desigualdad socioeconómica y han convencido al resto de que su precariedad y su miseria serán insalvables y por lo tanto, a ello tendrán que adaptarse ya sin esperanza de mejora. Y los sistemas reguadores del negocio con los productos financieros siguen funcionando con las mimas reglas que antes del 2008, por lo que la calidad de un producto financiero es tan negociable como un producto financiero cualquiera. 

Todo esto implica que sigue habiendo miles de millones de productos financieros tan confiables por el mundo como una hipoteca subrprime del 2008 o como la economía inmobiliaria de España durante ese mismo año.  Hasta tal punto de que si se piensa bien, el valor real de la calidad de la economía financiera mundial se encuentra en números negativos pero se sostiene porque la mayoría de las personas y entidades de la cual depende, ignora esto o actúa como si lo ignorara para mantenerle un valor ficticio que traducido a recursos devueltos equivaldrían a más de cuatro Tieras que, evidentemente, aún no tiene nadie. Pero la población sigue confiando en un sistema económio insostenible, basándose en que con él aún están vivos y porque temen que cuando la confianza desaparezca pueda ocurrir una guerra mundial.

Lo que no se tiene en cuenta es que la siguiente sería la última de todas ellas, por lo que en principio no habría nada que temer. 

O cambiamos un sistema económico con riesgos de destrucción mutua asegurada a corto plazo, o el sistema económico nos asegura una destrucción mutua más agónica. ¿Merece la pena arriesgarse al cambio?     
   

sábado, 8 de junio de 2019

Carta a Ana



Voy a recalcar en negrilla algún punto concreto que es muy relevante tenerlo claro antes de juzgar este escrito. 

Aquella persona que no tenga ni la más remota idea de qué es el feminismo podrá pensar: “¿Cómo se te ocurre escribir esto? Estás loco de remate. Te van a quemar en la hoguera mediática. Pero ya digo que serán quienes no tengan ni idea de en qué consiste el feminismo”.

Aunque no sería necesario, antes de nada voy a matizar que ninguna frase que haya escrito nunca ha sido escrita sin tomar en consideración que, aunque la mayoría de sus habitantes y de sus vecinos más próximos esté empeñada en destruirla socioeconómicamente desde tiempos inmemoriales, los vigueses tenemos por término medio una inmensa suerte de haber nacido en Vigo, una ciudad que disfruta de un ambiente con una situación presente social y económica muy por encima de la media de las ciudades del planeta, y donde no hay guerras, hambrunas, terremotos, erupciones volcánicas, grandes posibilidades de accidentes radioactivos o de tsunamis y dónde, por ejemplo, tampoco existe ni una institución religiosa que dictamine absolutamente la vida de la mujer, y la de l@s ate@s y agnóstic@s, ni  intereses petrolíferos desde el extranjero con todo lo que ello podría conllevar, embargos económicos incluidos. Pero bueno, tal vez el efecto de la religión católica en nuestra cultura, que no es en absoluto despreciable, también esté relacionado con algo de lo que voy a escribir aquí.

Añado que esto va a ser sobre todo una exposición de hechos consecutivos que por supuesto están supeditados a la fortuna pero que se enmarcan en un entorno determinado que podría quizá propiciar que su probabilidad de ocurrencia sea relativamente alta. Aunque sí, no hay datos suficientes para sacar conclusiones al respecto. Al margen de esto, asumo que muy probablemente no sean nada interesantes para gran parte del público, aunque en principio esto también es presumible que pase al mismo nivel con el resto de los capítulos, por lo que tampoco es motivo para no escribir este. Sin embargo, tengo la idea de que sí lo será para alguien porque la situación le parezca curiosa o incluso porque le suene familiar, y tengo la intuición (pero es solo una intuición) de que no pocos vigueses se sentirían identificados de alguna forma con el escrito y no necesariamente mongotroncos con escasez de materia gris, que sí, los hay, son legión, y nos hacen la vida imposible al resto, de cualquier género, orientación sexual, etnia o no creencia[1].

También cabe reflejar que, aunque es muy probable que muchos otros se vean inclinados a interpretarlo así, esto no es una expresión de ningún tipo de victimismo porque el destino de lo posible va siendo marcado en gran medida por las circunstancias, y cada una de ellas, aunque desde cierto punto de vista puedan parecer algo desesperanzadoras, pueden dar pie a otras muchísimo mejores que no se darían sin que sucediesen las anteriores, por lo que no habría ninguna razón de queja de que las cuerdas y las branas[2] tomasen por casualidad el rumbo tomado. 

¿Conocéis las películas tipo “Valeryan” o “Star Trek” de Abrams en la que un ligón que ocupa a todas las chicas del sector de pronto se enamora y tiene que convencer a una chica que ahora ella es única para él y la parva se lo cree? Este tipo de chicos de películas de ciencia ficción no son de ficción. Son tíos que disfrutan su vida sin preocupaciones y sin respeto serio de ninguna clase a sus constantes nuevas parejas de cada noche porque genéticamente y su entorno les dictamina para pensar en las relaciones personales como meros actos mercantiles (Sí, no se limita a un género, pero es más frecuente que sean tíos). Curiosamente, la moral de nuestra sociedad junto con la mayoría de patrones genéticos que domina a la mayoría hacen que esos ligones, que no hacen más que tratar a las mujeres como meros aperitivos (puede ser mutuo, por supuesto) no generan una repugnancia social, sino que siempre se han venerado, hasta el punto de que nos cae bien Toni Stark, el de Ironman, que luego Disney se encarga de otorgarle moral y hasta una responsabilidad con la sociedad de absoluto sacrificio, lo cual sí es ficción. Pues bien, cuando el héroe tiene alguna minúscula dificultad por convencer a la modelo de turno, con la que igualmente se acuesta, que ahora la quiere, no solo no le entra la duda razonable a la protagonista del cuento, sino que a alguna espectadora, (carezco de la estadística correspondiente), se identifica con él de modo que lo ve tierno y hasta le da pena. ¿Pena? Sí, pena, como la pena que le da a muchos que un jugador de fútbol, por desafortunados eventos, pase de cobrar trescientos mil euros al mes en lugar de sus seiscientos mil con su anterior contrato. Bueno, pues en mi opinión esto es el único machismo perpetuado por todo el mundo y de generación en generación que no podrá ser eliminado hasta que nos sustituyan las máquinas o hasta que cambiemos nuestro sistema reproductivo por completo, pues parece grabado en el ADN, y de hecho tiene sentido que lo esté, debido a las ventajas evolutivas que de momento tiene para la especie, el admirar al guaperas malote, insensato y generalmente desleal a cualquier cosa, obviamente infiel hasta la muerte y asombrosamente inculto e ignorante (porque para las facetas relacionadas con el conocer, no le llega el tiempo que pasa fuera del gimnasio).

Como parto de la idea de que dicho comportamiento está marcado en el ADN y de que ha sido fuertemente seleccionado por selección sexual, entenderá todo lector que este es un apartado absolutamente fútil que solo tiene el objetivo de entretenerme y entretener al lector, y de hacer conocer la vida de los perdedores de dicha selección sexual por parte de un tipo de personaje que no se ve en “Valeryan”. En resumidas cuentas hablo de los no protagonistas enamoradizos desde que tienen consciencia propia de serlo que por enamoradizos se enamoran de muy escasas chicas a lo largo de muchísimo tiempo, una detrás de otra si es que le viene un nuevo enamoramiento tras haber asumido que la anterior no les hace caso, y que precisamente por ello, al repasar su fracaso a los treinta y muchos se les pasa la fiebre y ni pueden enamorarse ni pueden pensar que estarán cómodos con una mujer para siempre justamente cuando la mujer respectiva ya deja de buscar machos alfa ligones y quieren machos cuidadores. Es decir, absolutamente todo lo contrario de lo que ocurre con el guaperas de la película respectiva y por lo tanto, con quebraderos de cabeza que no cesarán.

Es como la imposbilidad de que dos civilizaciones de planetas distintos se encuenren cuando la primera, harta de enviar mensajes, cesa en su empeño por malgasto de tiempo y se centra en su supervivencia pura y dura, y más tarde es la otra la que pone la oreja para recibir señales.
Pero si bien es cierto, también escribo esto porque si al pasado no se le ha sacado rédito de ninguna clase, al menos uno puede tratar de sacarle rédito económico.

Bien, decir también que si uno puede deducir que no se lo pasa muy bien si tu biología comportamental no te permite llegar ni a tener ganas de imitar el comportamiento del personaje de Crick en “Star Trek” con las extraterrestres o con las terrícolas, porque ligar es engañar y actuar y no todo el mundo está cómodo con ello, no me puedo imaginar lo mal que se lo puede pasar sentimentalmente una chica físicamente poco agraciada, pero no voy a reflejar este tipo de historias por eso mismo, porque no me puedo imaginar la historia. Y dentro de la suerte de una sociedad que funciona más o menos (aunque esto a la larga es faslo pues todo en el mundo funciona en base al incremento insostenible de deudas de niveles astronómicos impagables), sin terremotos, sin… etc, dolores hay de todo tipo.   

Por cierto, cabe indicar que yo también he tenido culpa en alguna de las historias y una de ellas tiene que ver precisamente con el título que he elegido para el capítulo.
     


INTRODUCCIÓN

EL ENAMORAMIENTO NI ES SANO NI MUY EFICAZ BIOLÓGICAMENTE EN HUMANOS


Cada uno tendrá su percepción de lo que es el enamoramiento. Y alguien podrá pensar que es falso, que es un efecto engañabobos o que está fuertemente marcado socialmente. Bien, aunque es un campo de estudio de la biología, esa nunca fue mi especialidad, pues la neuroendocrinología de la trucha arcoíris o la de la Drosophila melanogaster no parecen dar para que estos animales se enamoren según el concepto de enamoramiento que manejamos los humanos. Pero bajo mi punto de vista, simplemente es un proceso biológico que afecta a algunos seres humanos y quizá hasta cierto punto, a otras especies de la Tierra también, que está o al menos estuvo marcado en algún momento por selección positiva a lo largo de la evolución biológica de estas de modo que los constructos biológicos “genes egoístas” tienen mayores posibilidades de expansión a lo largo del tiempo. Ahora bien, asumiendo este supuesto, la duda sería; actualmente, ¿hasta qué punto está este proceso marcado por selección positiva en los humanos? 

Bueno, esto se discutirá tras explicar antes qué querría decir que los genes que en conjunto expresan el fenotipo[3] “enamoramiento con fenotipos concretos”, (los genes del enamoramiento, podríamos llamarlos), estén afectados positivamente por selección natural. Pues querría decir que si estos estuviesen presentes en un individuo tenderían a magnetizarle hacia parejas que presenten una compatibilidad adecuada en el sentido de que una posible futura descendencia de ambos tuviera la mayor garantía posible de continuar distribuyendo los genes-copia gracias a un cuidado parental por parte de parejas “enganchadas” con el enamoramiento y después con el querer, a una descendencia con una gran probabilidad de ser genéticamente sana, y por lo tanto, de tener descendencia fértil. Esto es así porque nos enamoramos siempre de caracteres fenotípicos que muestran salud en quien los porta y compatibilidad genética en cuanto a alelos diferentes a los nuestros que pueden aportar un plus en la variabilidad genética de la posible futura descendencia, lo cual otorga a la descendencia y de generación en generación, mayor variabilidad de herramientas respecto a la adaptabilidad y la supervivencia y mayor probabilidad de que este ciclo se repita indefinidamente.

Y esto sucedería, aunque el individuo pareciese estar convencido de no querer hijos.

Pero ¿realmente sucede esto a día de hoy? Bueno, sí existe este magnetismo en la naturaleza humana. Pero ¿está muy extendido?
Antes de nada, desgranemos el asunto. El hecho es que el enamoramiento es una vía que parecería tener sentido, al menos teórico y desde el punto de vista evolutivo, y a priori da la impresión de que es suficientemente eficaz o al menos no contraproducente en el sentido de que, por lo parece, sigue ocurriendo a un nivel u otro. Al final, por muy poco romántico que suene, se trataría de encontrar una gran compatibilidad de pareja, de modo que su posible descendencia disfrute de las mayores garantías de encontrar pareja, de modo que su posible descendencia disfrute de las mayores garantías de encontrar pareja, de modo que su posible descendencia disfrute de… etc.[4]. Y el tiempo es limitado, por lo que los mecanismos biológicos seleccionados serían aquellos que se basasen en identificar rápidamente esas compatibilidades a través de fenotipos (apariencia, olor, voz, gestos), lo que se podría denominar, tal vez, como los distintos fenotipos de belleza de la posible pareja.

Esto explicaría el dicho de que el amor es ciego. No, no es que sea ciego, pero sí es ciego ante características de la otra persona que los genes no han detectado al instante, como el hecho de si le gusta el fútbol, la playa o ir de compras. Esos conocimientos vienen después, pero los “genes del enamoramiento, que se asocian con los denominados genes de histocompatibilidad” ya han actuado antes y digamos que…, se siente... 

Así pues, las guías que tendría cada individuo para diferenciar tales características que hagan posible esa compatibilidad serían meramente inconscientes. El enamoramiento sería pues meramente visual, auditivo, olfativo y hormonal, pues serían las primeras tomas de contacto (fenotipos) que uno tendría del otro y la primera barrera que distinguiría sería la salud integrada en la expresión del genotipo de la posible pareja y su aparente capacidad de dejar descendencia fértil genéticamente sana con garantía de dejar descendencia fértil genéticamente sana por la combinación de sus alelos con el conjunto de alelos que uno mismo lleva. De ser cierto esto, ello implicaría que la belleza está en el exterior, aunque exprese cosas del interior, lo cual es una frase lapidaria poco cómoda, (pero es que de estas cosas va este libro), que vendría de los conocimientos de biología que tenemos desde hace muchas décadas y que derrumbaría uno de los mitos Disney más populares. Hay que decir además que, por supuesto, esto actuaría en cualquier tendencia sexual. Del mismo modo que el gen del enamoramiento no podría distinguir si quieres o no tener hijos y actuaría igualmente en cuanto a llevarte por el magnetismo hacia una posible pareja u otra, tampoco distinguiría tu propia tendencia sexual, dado que eso vendría empaquetado en otros genes con información, hasta cierto punto, independiente. Así que obviamente, pese a que un homosexual sea consciente de que no va a tener descendencia propia, tenderá a ser atraído por fenotipos de personas determinados por sus genes del “enamoramiento”. Pero el hecho es que con la tecnología uno puede generar descendencia propia sin que haya reproducción sexual, llamémosla natural (aunque en realidad no estaría de acuerdo con el término que uso). ¿Afectaría entonces esto a la tendencia de enamoramiento dictaminada por los genes de “enamoramiento”? Pues no, porque la información consciente no interfiere en las tendencias genéticas, dado que son dos vías de información y comunicación con canales independientes o incompatibles (con la tecnología que poseemos, vaya).

Pero claro, ahora podríamos hablar de asuntos que hoy en día son políticamente mucho más incorrectos o incómodos. Pues si el lector llega a estar de acuerdo con esta hipótesis planteada, este podría preguntarse algo bastante lógico; Si es cierto que hay una selección natural que nos empuja a todos a perseguir la belleza en el otro y como consecuencia, a aparentar mayor belleza en uno mismo de la que consideramos que estamos presentando a los demás (recordad: fenotipo visual, hormonal, olfativo y de voz que sea representativo de salud y, por lo tanto, de aparente garantía de dejar descendencia fértil), ¿por qué parece que la fealdad es tan frecuente entre todos nosotros? Bueno, hay muchos tipos de respuestas a evaluar para llegar a contestar esta pregunta. Y las primeras se basarían en que la pregunta misma no tiene sentido porque asume presupuestos falsos:


i)              La primera respuesta a la pregunta sería que estamos hablando de una percepción individual y, por lo tanto, de un concepto subjetivo. La belleza sería pues tremendamente relativa. Hablamos de compatibilidad, no exactamente de belleza universal. Eso quiere decir que la belleza dependería del conjunto de genes del “enamoramiento” que cada uno posee, no de los del otro. Por lo tanto, el “parece”, puede que no sea una apreciación que comparte mucha gente, sino que muchos están presionados socialmente a considerar algo feo cuando en realidad, no lo considera feo.  Sería esta una respuesta demasiado políticamente correcta. Y su posible crítica sería la de: Bueno, ¿y no habría un mínimo común múltiplo en fenotipos que expresen salud universal incluso entre etnias distintas? Muchos estudios apuntan a que sí existe algo así, y la prueba más fundamental de ello está en el hecho de que todos los humanos vemos más atractivas caras simétricas que asimétricas y dentro de la simetría, vemos más atractivas caras con una ligera asimetría imperceptible a simple vista, que caras con simetría especular. Así que ahora nos podríamos preguntar, tras tantos millones de años de género Homo y siguiendo la coherencia universal de la evolución biológica, ¿no estaríamos ya en una situación en dónde ese mínimo común múltiplo de belleza universal debería ser el fenotipo más frecuente?

ii)            La segunda explicación que además también respondería a la pregunta planteada al final de i), sería precisamente que efectivamente hemos alcanzado esa situación y que, por lo tanto, en realidad, la fealdad fenotípica entre humanos no es frecuente. Pero esta hipótesis es imposible de validar dado que carecemos de estadísticas fiables acerca de si la mayoría de las personas de la Tierra creen que la belleza es hasta cierto punto, objetiva, y si es más frecuente la belleza que la fealdad.

iii)               Quizás la respuesta más interesante es que el presupuesto que es erróneo, al menos actualmente, es el inicial. Quiero decir con ello que el enamoramiento, en realidad es una estrategia afectada por selección a un nivel muy bajo. Esto podría sostenerse con la prueba de que las personas de mayor belleza (en parte por sus genes directamente relacionados con el fenotipo belleza y en parte por su éxito económico que también afecta a la belleza, el cual muchas veces está relacionado con sus genes directamente relacionados con el fenotipo belleza formándose, de este modo, un ciclo retroalimentativo hasta que la vejez venza) no son ni mucho menos los individuos que dejan mayor número de descendencia con garantías de dejar mayor número de descendencia fértil. Es decir, y aquí viene lo más políticamente incorrecto de todo: si no es por ingeniería genética o similares, en un siglo: CASI TODOS (99% de la población): PATITOS FEOS.   

   

Material y Métodos


Bueno, tras esta aburrida pero necesaria introducción al tema, empecemos: 

Me perdí por Iria al aparecer ella por la puerta de clase en mitad del curso de 4º de EGB correspondiente a cuándo tenía 9 años, creo, aproximadamente en 1987 (a lo mejor por novedad o por empatía instantánea dado que la vi llorando al entrar en clase, ¿quién sabe?) y así seguí durante toooooooda la vida escolar, pero nunca ocurrió nada, ni siquiera en octavo para una posible tarde delante de un café. En primero de BUP ya estaba convencido de que nada era factible y que me iba a ir a un Instituto público para dejar atrás ese habitáculo con esa concentración tan elevada de pigerío incontenible que era la clase del colegio concertado que marcó los años cruciales para el desarrollo personal de cualquiera. Cuando a cualquiera le viene bien no emperrarse en nada, yo me había emperrado en biología y en Iria. Craso error, se suele decir aquí. Bueno, como ya dije, al final, ¿quién sabe? Pero el hecho es que ambas cosas dictaminaron un destino que se continuó durante largo tiempo, muuuuy largo tiempo. Y aunque la decisión fue muy tardía, esos dos enamoramientos que no iban a ningún lado: Iria y biología, fueron quizás lo que más determinaría que al final concluyese que mi única oportunidad para conseguir algún tipo de vida interesante era escapar no solo de Vigo sino del propio reino. Pero bueno, ni Iria, ni biología se eligen, suceden y ya, aunque que sucedan cuando eres demasiado pequeño no sea lo más apropiado.

Y después del Colegio Rosalía de Castro, tampoco nada durante el Instituto, pero es que ahí ni me llegó a gustar nadie. Y debo admitir que estuvo muy bien no estar enamorado de nadie durante ese periodo. Durante mis estudios en la Universidad, el enamoramiento con Carmen podría decirse que fue un poquillo más serio que con Iria, incluso se diría que con más expectativas de algo, al menos al principio, pero eran solo espejismos (muchísimo más tarde averigué que con Iria no lo fueron en realidad o que al final maduró, pero en esos momentos, del pasado no quería saber nada de él) y se tradujeron en los mismos resultados que antes; la bajé en coche en alguna ocasión, eso sí, fui a perder el tiempo para coincidir con ella en una academia de matemáticas, porque aunque la necesitaba, ya me diréis si iba yo a aprender algo de matemáticas en esas circunstancias…, pero ni un solo café. Estaba empezando a comprobar que lo que había a mi alrededor (recordad que estoy hablando de Vigo) era un desierto en cuanto a querencias al menos con reciprocidad, y poco a poco, al mismo tiempo también fui comprobando que era un estado mucho más frecuente de lo que imaginaba. Por eso digo que aunque sea esta mi historia, me da la sensación de que hay muchas personas de mi generación que comparten algo muy similar. Porque sí, la problemática creo que se circunscribe a un intervalo de generaciones.

Dichos resultados (ni un café siquiera), pudieron tener una causa u otra, pero mi currículum vacío en esos aspectos de la vida podría haber sido un factor que condonaría que se llegase a los mismos resultados con Carmen. Nadie lo sabe. Bueno…, alguien sí lo sabe. El caso es que tampoco aprendí gran cosa. Porque claro, para que una empresa te acepte, esta requiere lo que esta misma denomina “experiencia profesional en empresas”, pero ¿y entonces? la primera empresa, ¿qué? Y eso no pasa solo en el mundo empresarial…

Luego fui percibiendo que para que una empresa te acepte había que tratar de estar ya en una empresa. Uno despierta la atención cuando ya está “comprometido”. No creo que haya que ser experto en ningún tema de ADE (Administración y Dirección de Empresas) para deducir que ahí puede que haya algo que falla radicalmente desde el punto de vista de la gestión de recursos… 

Entonces, lo que ocurría era que quienes tenían la suerte de no enamorarse solían estar más con chicas que los enamoradizos porque los enamoradizos solo tienen ojos para una hasta que se convencen de la pérdida de tiempo que ello supone. Ocurre que claro, los no enamoradizos, al no tener mucho apego iban cambiando cada año primero, después cada mes…,  y luego a cada semana estaban con una distinta. ¿Las iban tratando como ganado de feria? Es brusco decirlo así, pero sí, así era, aunque si uno es justo con el percal, la cosa era que que muchas de ellas, a ellos también. Así que al ser mutuo todo quedaba al mismo nivel: muy bajo por parte de ambos. Al menos en el periodo crucial del desarrollo personal de quienes tienen mi edad, Vigo era fundamentalmente una ciudad-pose. Aún no lo había leído, pero yo me sentía exactamente igual que el protagonista de “Un mundo feliz”. Huxley, el padre del genetista, digo, no había acertado solamente en su previsión de una parte relevante del control de los poderes sobre la sociedad en la que vivimos ahora, también había descrito como podía ser de desgraciado, en los ochenta, cualquier individuo joven vigués mínimamente coherente al respecto del uso de la razón y la lógica excepto para las relaciones personales, porque se viese arrastrado por enamoramientos románticos que no iban a ninguna parte

A mí no me acababa de convencer la idea de usarnos mutuamente como ganado de feria. Ese era el asunto. Más que convencer, era algo que salía de forma natural; no cabía siquiera en mi imaginación jugar con esas reglas. Pensaba, además, que si estabas distraído en una relación que no te llamaba especialmente la atención, además de ir un poco en plan de farol, también estabas apartando las posibilidades que sí te podían interesar. Aunque era un supuesto falso, porque irónicamente todo funcionaba al revés, lo seguía a rajatabla. Y es que no sabía nada de Teoría de Juegos, pero aunque supiese algo de ello, no podía actuar para un bjetivo de forma predeterminada en contra de mis emociones. Prefería seguir, inútilmente, dejándome llevar por alguien a quien por engaño hormonal o no, me llamase la atención magnéticamente de forma irreparable. Pero claro, el magnetismo es una fuerza que no se mantiene al mismo nivel con el paso del tiempo y menos si no surte efecto. Y entonces, luego, viendo cómo se estaba fraguando la consecución constante de sucesos en cuanto a vacíos sentimentales por sentimientos no correspondidos (aunque en veintidós años solo habían sido dos enamoramientos destacables, porque había alguien alta de pelo liso y corto en Copelia de cuyo nombre ahora no tengo ni idea cuando tenía 14 años, creo, que también me había llamado la atención), con menos entusiasmo y en plan Deckard en Los Ángeles de 2019, (es decir, con una chaqueta similar y un humor parecido de “pse…”, respecto a la ciudad y su ambiente) se instaló Anabel por mi hipotálamo durante menos tiempo y también sin resultados, bueno, también la llevé en coche en alguna ocasión como a Carmen.

Fue ahí cuando ya comenzó a disgustarme la palabra novio la oyese dónde y cuándo la oyese, pues por lo que parecía, los de mi generación, cansados quizá de usarse mutuamente como ganado de feria ya tenían noviazgos y no rollos, con lo que ya se empezaba a oír la frase “-No, es que tengo novio”. Un novio que generalmente tenía más de 10 años que ellas.

Podría decirse que esas 3 chicas, habían decidido desde el principio en sus respectivos momentos que yo no era de ahí. Que estaba ahí, pero que no pertenecía a ahí y quizá tampoco al momento. Que estaba fuera de lugar. “¿Un científico ateo[5], con un mínimo de coherencia y de criterio, no-rico, anti-hiperconsumista y antinacionalista del reino, con un nombre tan raro?”

Deducirían inconscientemente quizá (ya sé, en principio son palabras excluyentes, pero se entiende el sentido) que entonces iba a salir del país tarde o temprano y que no era atractivo para su posible descendencia imaginaria que su hipotálamo estaba ya vislumbrando, porque eso pasa (ver más arriba las historias y desgracias del gen egoísta), es inevitable en la mayoría de los casos y sí, tiene una razón eminentemente biológica. Aunque otra posibilidad es que simplemente yo no le atraía a ninguna de ellas. Cosa que en alguno de los casos de entre estas tres chicas no fue cierto, al fin y al cabo. Pero claro, ella ya ni sabía cómo demostrar que empezó un interés de la nada, aunque no fuese así y pudiese venir de atrás, y obviamente yo ya me había cansado del asunto tiempo antes de percibir aquel cambio de comportamiento.

El caso es que por mi culpa o simplemente por culpa de mi buen gusto y la casual discordancia con los gustos no recíprocos de estas tres chicas en aquellas respectivas ventanas temporales, al menos durante los años de las posibles concordancias, cuando debía estar aprendiendo algo más que biología y matemáticas, no estaba haciéndolo. Y claro, lo que vino después fue LA CONSECUENCIA:

En contraposición con fijar mi atención en una chica durante años, como ya estaba cansado, empecé a fijarme que había varias posibilidades, no innumerables, pero había varias. Tal vez porque, cansado de las desaventuras con chicas de mi edad de las que me enamoraba, me empecé a fijar un poco activamente, y no por enamoramiento pasivo, en chicas con algunos años menos que yo. Anabel fue la primera. Pero a partir de ella percibí que ya no había enamoramiento, o al menos no había nada que se pareciera a lo vivido anteriormente y claro, a partir de ese momento, para elegir usaba lo que no se debía usar: el córtex cerebral, porque ya no estaba supeditado a las elecciones pasivas del hipotálamo. Y el córtex cerebral nunca te indicará lo que quieres pues en el caso de decisiones solo va a poner en marcha mecanismos de comparativa racional, aunque los datos en los que se base sean falsos, pocos o provengan de ideas de comparativa muy simplistas. Pero seguramente en el fondo yo era consciente de que no sabía lo que quería, y por ello no alcanzaba ninguna decisión. Así que apareció un nuevo problema para mí; las dualidades, es decir, las indecisiones, las cuales generalmente podía reducirlas a dos. Como no había enamoramiento, mi cerebro me bloqueaba a mí mismo, y ni me dirigía a ninguna de ellas rumbo a intentar quedar con ninguna de ellas y conocerlas. Tenía que averiguar primero quién era interesante para iniciar el intento de conocerla. Absurdo, sí, pero es que eso sucede cuando relevas la evaluación del interés a primera vista del enamoramiento de tantos años del hipotálamo a la corteza cerebral. Pensaría inconscientemente que era preferible esperar a tener las cosas claras. Cosa que, por ese camino, nunca iba a suceder.

Al final, el resultado fue que finalmente, la trayectoria geopolítica-económico-social durante los últimos 5 siglos del reino de España, (sí, es una exageración, pero hay base argumental que se podría exponer y tiene relación con los efectos de la Iglesia Católica sobre el desarrollo de los países que la abrigan ), hizo que yo me planteara que si quería trabajar en lo único que puede hacer mantenerse a un país en ciertos niveles de desarrollo socioeconómico; la ciencia y la educación, tendría que buscar ese trabajo al otro lado de los Pirineos. Mi deducción de entonces fue que Iria, Carmen y Anabel, al fin y al cabo tenían toda la razón; el mejor modo de huir era no crear ningún apego en el lugar de dónde uno se quiere escapar. Y de un modo extraño me sentí afortunado por no haber caído en un querer suficientemente importante como para complicar mi huída del reino.

Pero en ese momento (ya en 2009, creo) me encontré con Ana. De la que nunca supe nada más que su nombre y que estudió química en la Universidad de Vigo, calculo que comenzando la carrera por ese mismo año. En realidad Ana dejó en ese primer encuentro, de forma bastante patente que yo le interesaba y finalmente me planteé que bueno, pese a que sea posible que tenga que abandonar el país y pese a la diferencia de edad, pues ¿por qué no? ¿Iba yo después de la NADA más absoluta a rechazar siempre todo solo por la edad, porque no estaba absolutamente enamorado, o por la imposibilidad de subsistir con mi carrera en España? Cuando le pregunté para salir me dijo que esa tarde iba con su novio a comprar ropa. Y a ver, comprar ropa me entusiasma más bien negativamente pero claro, la palabra “novio” ya cortocircuitó el programa que milagrosamente se estaba reiniciando como si fuese un castillo de naipes que se derrumbaba nada más reconstruirse, y me despedí. 

Bueno, dejadme deciros aquí que considero que todo el mundo, de todos los géneros posibles llegan siempre a conocer la fuerza de sus arrepentimientos que le suceden por culpa de seguir sus patrones de comportamiento. Pero esto lo plasmo aquí porque lo mío en este caso puede que haya sido de récord.

Algún día después de que me cortocircuitara, Ana vino por la cafetería haciendo un ruido estrepitoso con zapatos que se le caían y vi que toda su ropa era de una talla que no le correspondía. Se paró tras de mí a poca distancia. Al ver que no había reacción por mi parte gritó “- ¡No lo entiendo!” y yo cogí las patatas que había comprado y me fui pensando “lo que no se entiende es cómo alguien está interesada en alguien y se le ocurre decirle que va a quedar con su novio cuando ese alguien, ¡diez años mayor! ha reunido suficientes fuerzas para tener el valor de decirle de salir… ah y de preguntar su nombre delante de la mitad femenina de la clase de primero de química tomando el sol, por cierto”. ¿Voy a hacer el ridículo alguna otra vez como en esa ocasión? Difícil.   

Ana empezaba luego a aparecer en la parte del edificio de Biología y no del de Química (era estudiante de química), sentada en lugares cercanos a dónde yo trabajaba sin cobrar un duro (sí, el tema de cómo vivimos los científicos en España creo que ya lo he tratado y sí, es otra fuente de frustración perpetua e inagotable que volveré a comentar un poco aquí porque todo está relacionado. El caso es que mi cerebro estaba cortocircuitado por aquella palabra “novio” y no me dirigí a ella en ninguna ocasión. En el fondo quería pero me veía incapaz. Había sido ya demasiada podredumbre contaminante. Y después de estar años sin sentido detrás de personas de forma incansable, con Ana ya había iniciado el proceso de olvido premeditado en el mismo momento en que había oído de ella “novio”. ¿Tiene sentido? Obviamente, no. ¿Podía hacer que ese sinsentido no siguiese dominándome? No lo sé. ¿Vigo me había enloquecido? Creedme que Vigo enloquece a cualquiera tarde o temprano, solo tenéis que ver moverse y hablar anuestro propio alcalde Abel Caballero (2017), ¿dije ya que esto iba de verdades incómodas, no?, pues eso.

Con el paso del tiempo, la idea de que tenía que buscar trabajo fuera de España ya era imposible de detener. 

Y un buen día salí de casa y enfrente del portal y a solo un metro de este estaba Ana. Bien, ahora dejadme deciros que cuando mis amigos, a esta altura del relato buscan opciones de hipótesis ad-hoc para seguir resistiéndose a la idea de que efectivamente, Ana estaba interesada en mí, están cometiendo una estupidez de una magnitud equiparable a la que yo cometí: sí, adivinasteis, la de seguir por mi camino con el cortocircuito del “novio” sin dirigirme a ella. A esto se le llama efecto rencor y suceso inoportuno porque iba con mi hermano y no te sale nada en familia.

Pasó algo parecido en otra ocasión cerca de mi piso a unos tres metros de dónde posteriormente casi morí aplastado por un pedazo inmenso de fachada de un edificio que se había desplomado tras una ciclogénesis explosiva del invierno correspondiente:




 Imagen tomada de Googleearth

Pero en esa ocasión no me estaría esperando a mí, claro. Y en esa ocasión habló dirigiéndose a mi por primera vez con un “-Hola” muy tímido, pero nada, cortocircuitado yo estaba, y al mismo tiempo ni sabía ya como arreglar toda la desfeita. 

Pero es que es más, en alguna ocasión, Ana fue a Milenium, una cafetería cercana a mi zona y delante de mí y David, uno de esos amigos míos que dudaban absolutamente de que mi historia de Ana pudiera tener alguna posibilidad de ser cierta, se puso a rebuscar entre los juegos de mesa y preguntando en alto: “-No lo encuentro”- como pidiendo ayuda. Por lo que estaba claro que me había estudiado la rutina. A ver, yo escribo esto porque a día de hoy me parece absolutamente mentira que pudiera estar yo callado como un musgo. Y a ver, era guapa pero no es que fuese como Emma Stone o Anne Hathaway que las ves y no puedes mediar palabra. Y claro, se volvió a la mesa con un chico con aspecto bastante peculiar, en el mero sentido de que lo identificaría rápido, ahora (2018), porque en una ocasión que ya comentaré más adelante no lo identifiqué. 

Por esos momentos fue cuando me vino a la cabeza el hecho de que era posible que ya hubiese visto a Ana desde hacía mucho. Justamente, una vez, durante mi época de Instituto, ese mismo amigo y yo, fuimos a jugar a un billar en una calle paralela a Camelias, y ahí estaba Ana, una niña que atendía más al juego que a la película de “Babe, el cerdito valiente” que estaba emitiéndose por TV en ese momento.

Y también la había visto en una discoteca de Vigo, muchos años después, claro, pero antes de encontrármela en la Universidad. Otro amigo me medio empujó para ver si yo me movía con la música y caí en medio de un grupo de chicas entre las cuales estaba Ana, aunque de aquella no sabía su nombre. 

Cuando mis remordimientos fueron ya demasiado fuertes, aunque estaban actuando ya antes, junto con mis cortocircuitos, en una ocasión me dije: “hay una conferencia de Endocrinología Comparada en la Universidad de Vigo este sábado por la tarde y si Ana me estudió bien, sabrá que es una conferencia a la que yo iría, dado que mi grupo de investigación la organiza, pero claro, no sabrá que no estoy matriculado. Voy a ir a la conferencia de todos modos, a ver si me la encuentro. Pero esto lo decidí finalmente un poco tarde. Y sí, me pareció encontrármela, pero conduciendo un Ford rojo en sentido contrario, desde la Universidad (que está perdida en el monte) hacia Vigo. Sí, ahí pude haber pitado o algo, pero… Ya venís avisados de que esto es una tragicomedia y lo de tragi viene por algo.

Bueno, después de esto hubo la ciclogénesis explosiva, se cayó el pedazo fragmento de fachada de edificio que había mencionado y me dije: “Pues si es igual de posible morir en Vigo que en cualquier otro lado de la UE, voy a pedir la beca postdoc para largarme de este lugar.” Y me fui a la República Checa, dónde tuve novia durante unos 3 años. Pero el caso es que aunque uno se marche a un lugar a trabajar, la posibilidad de volver a tener que moverse no es muy baja y eso hace que se tengan que buscar parejas que te vayan a seguir si se quieren mantener como pareja o decidir tú mismo seguir a la pareja, claro. Lo que sucedió fue que Jarka no me siguió, ¿a dónde iba a ir si su trabajo estaba asegurado y el mío no? y yo no me quedé. Así que volví de nuevo a Vigo con la misma idiosincrasia de siempre. 

Ya, que por qué no me quedé… Para estar en Vigo sin perspectivas de trabajo y sin ganas de comenzar nada con nadie porque se ve que no se sabe en qué país voy a parar y cuándo será la vuelta al extranjero, me convenía quedarme al menos cobrando ese año de paro en la República Checa. Pues supongo que todo viene de una manía ya, de no haber aprendido a decidir y por lo tanto de dejarme llevar. 

Espero que quede claro que esto no es victimista porque yo mismo reconozco equivocaciones, un caso es el de Ana, otro es el de Uxía y el de no quedarme en la República Checa al menos hasta agortar el paro también pudo ser otro, pero es que estaba pendiente de que me dieran un proyecto propio en la República Checa y pensaba que la vuelta iba a suceder pronto, pero no… Y en realidad son esos casos en dónde sabes que te equivocaste, los que realmente repercuten negativamente en uno mismo. Las frustraciones o los resentimientos, que todo el mundo tiene porque nadie es un angelito (porque esos seres al haber sido creados por escritores de un libro de ciencia ficción llamado Biblia, no existen), no son en absoluto comparables a los remordimientos de: ¿por qué no hice tal cosa? El caso es que hay un problema que ayuda en gran medida a que no se actúe y ese es la inseguridad en uno mismo. Hay mucha gente tóxica que provoca que la inseguridad en uno mismo se incremente, y esos son los falsos amigos que creías que lo eran pero que te llegan a hacer dudar de que lo que percibes, (por ejemplo, que una chica que te gusta te persigue), es mentira. Hay muchos motivos por los que una persona es tóxica para uno mismo. Puede que lo sea activamente y lo haga por envidia, o puede que sea tóxica solamente porque ha vivido mucha toxicidad en el pasado. Sea como sea, yo abogaría por evitar a la gente tóxica para uno mismo sin ni siquiera molestarse en averiguar el motivo de su toxicidad, pues cada uno tiene un tiempo limitado de existencia que no es suficiente como para hacer de psicólogo gratuito de quien muy probablemente no sea ni tu amigo. Mi persona tóxica número uno se llamaba Amador y me ayudó a no dirigirme a Ana después de aquella vez. Es la verdad y estamos hablando de verdades incómodas. Pero no por ello me exculpo. Al final, para bien o para mal, decidimos. Y esto que quede ahí en términos de cualquier elección democrática, sea municipal, autonómica o estatal.

Pues lo que decía, luego volví Vigo y en Octubre de 2019, creo que fue, un chico peculiar se nos aproximó a mí y a un amigo a preguntarnos dónde estaba la Guardia Civil. Eran las 21:00 y nos pareció muy rara la pregunta. Pero le dijimos sin más. Después, fuimos a Milenium y ahí me fijé en que una chica que me sonaba por alguna razón entraba en el baño. Unos días después caí en la cuenta de que era Ana. Sí, unos días después…

Ya os digo, la vida es estar en el momento apropiado, es decir, suerte, pero también estar preparado. Y tener memoria instantánea a largo plazo.

Al margen de todo esto, y son confesiones personales que intuyo que hay quien las vive de un modo similar, actualmente me ocurre la curiosa situación de que la preocupación tan acuciante por conseguir empleo me absorbe por completo, por lo que aunque pueda observar ahora que hay interés de alguna desconocida, si bien ya perdí absolutamente la vergüenza y la desconfianza en mi mismo ya no veo que me enamore, y me interesan cada vez con menor intensidad. Es el cansancio, y las prioridades de otra índole. Además, vivo el día a día, pensando que mañana me llamarán para trabajar, que es lo que me hace falta. Y muy probablemente sea en el extranjero. Y es que se suma a toda la pesca que sí, soy biólogo de 40 años, es decir, de la generación de un baby boom que nunca volverá a ocurrir en la historia de España, y soy biólogo en una comunidad pequeña con tres facultades de Biología, es decir, con una densidad de competencia entre biólogos de edades similares que os aseguro que no tiene muchos rivales. Es esa la razón por la que la probabilidad de que vuestro repartidor de “Just eat” sea biólogo es enorme.

Pero es que además, habiendo visto que mis primeros amores por las chicas del pasado eran de tóxicos a casi letales, (esto que se tome a broma, claro) por no correspondidos, porque recordemos que competía en la franja de edad del Baby boom y en la mismísima ciudad-pose del demonio: Vigo, y que siempre hay un tipo que consume sin amor alguno, por lo tanto, todos los recursos, y que por ello además es más apreciado por las chicas de mi generación, al menos en los momentos en los que ocurrían los primeros amores de esta, pues habiendo vivido esto, decía, me incliné a pensar, en el Instituto que lo que debía hacer era dejarme llevar por otro amor que resultó también un fiasco: la investigación en biología. No me acuerdo si tenía esperanzas de que en España algún día se usara el I+D como medio para evitar que toda la sociedad española se hundiera bajo el fondo oceánico de la precariedad, el paro, la pobreza, la ignorancia, la deseducación  y la insostenibilidad de su deuda pero el caso es que si no sales de España ya puedes tener mucha suerte y convertirte en un científico ya de renombre en un campo de investigación de moda y seguramente aplicable en lo que respecta a la salud humana para poder trabajar en España en la profesión.

Hoy mismo (6/04/2019) fui a ver precisamente a una conferencia de Santiago Niño Becerra. Más o menos coincidí en todas sus ideas y llevo haciéndolo desde que le vi a través de videos. Le hice algunas puntualizaciones-preguntas:

-Cómo dijo que el de la precariedad laboral y la imposibilidad del trabajo para la mayoría de la población por IA y automatización de los procesos de producción son problemas globales, ¿no será que si hay alguna posibilidad de solución esa tenga que venir de organizaciones internacionales y no por consenso entre políticos de cada país? 

Más o menos me respondió que sea como sea la decisión de cómo se solventará la situación será tomada en un rascacielos de Chicago y yo pensé que bueno, pero eso no es una solución. Yo decía que si hay solución solo podría venir de una ONU o de una UE que empezase a pensar en los problemas de la ciudadanía.

-Usted dice que el cambio de modelo socioeconómico tenía que haberse implementado ya a finales de los 90 en España para una mejor salida de la situación. Soy Doctor en Biología, no en economía, pero ¿no cree que basar una economía exclusivamente (en términos generales) en turismo y en especulación inmobiliaria es una forma de enriquecimiento, que puede globalizarse con una buena distribución a costa del suicidio futuro colectivo (como evidentemente pasó, podía añadir).

Respondió la especulación inmobiliaria también repercute en el PIB, pero eso no era lo que pregunté.
-Y otro apunte más si me permiten. Hablan mucho últimamente del paro o la precariedad laboral de los jóvenes pero yo percibo que los más perjudicados en la actualidad de la crisis (nunca la llamo crisis pero para abreviar, ahí ya era necesario dado las caras de los demás, porque fui el primero en intervenir), son en realidad aquellos que eran jóvenes antes y de los cuales se temía que iban a pagar los platos rotos en el futuro. 

Tal vez ahí entendió lo que dije y me dio la razón.

Había como cinco puntualizaciones-preguntas más que tenía ya transcritas en mi córtex cerebral desde hace ya ¿unos veinte años? Pero no vienen al caso en este momento. Lo que sí viene a cuento es el tremendo error que cometió al considerar que, por mi profesión, me iban a rifar entre las empresas y que, por lo tanto, no me preocupara por ello. Hay motivos piadosos para decir esto en una charla sobre, más o menos, una esperada e inevitable hecatombe social, que no económica, relacionada con lo que yo comento en el capítulo “Humanos vs máquinas”, pero el caso es que primero oyó que era doctor en bioquímica, no en biología, aunque para lo que hice profesionalmente, no hay mucha diferencia. Y luego no tuvo en cuenta ni el Baby boom de mi generación, ni la inmensa cantidad de doctores que se crean día a día que competimos en un océano más que turbulento en empresas y en universidades o centros públicos. Tampoco tuvo en cuenta que yo nunca me dediqué a lo que está de moda en investigación biológica o a lo que está relacionado con la sanidad humana, (productos de I+D que favorecerá a ricos sobre todo).

Y es que esto es precisamente lo que más me condiciona en la actualidad (le pasará a muchos, pero sigo expresando las ideas como lo que me pasa a mí, si no, no hay manera de tratar los temas). Como persona que usa la lógica como herramienta principal considero que el trabajo (que viene del latín; tortura), debe tratarse de abolir o de relegarlo para aquellos bichos raros como yo que nos gusta trabajar, en lo que nos gusta trabajar, claro, no en lo que estamos dispuestos a trabajar porque nos vemos obligados al menos a comer pan y beber agua. Pero al mismo tiempo, y sí, es absolutamente compatible, quiero encontrar un trabajo pronto, porque quien quiere abolir el trabajo, negándose a un trabajo, tarde o temprano muere y ya no podrá intentar abolir el trabajo, vía voto, vía comunicación por redes sciales, vía manifestaciones etc. 

Ocurre una cosa, con respecto a la ciencia y la educación, mi curriculum es insignificante si lo comparamos con los mejores curriculums que pululan por España, ¿por qué? Pues porque hay una abundancia extremadamente anómala de biólogos científicos españoles y extranjeros que quieren venir a trabajar a España. Y por otro lado, la gran mayoría de las empresas españolas ven mi curriculum y observan un vacío casi absoluto de actividades en empresas y una atemorizante ristra de títulos innecesarios para ellas que en ocasiones los consideran como salarios que creen no poder permitirse. Por lo tanto, me veo en la obligación de esperar a convocatorias para el extranjero o del extranjero en educación secundaria, universitaria y en investigación o a resolución de contratos n empresas en el extranjero, aunque yo no sé, para mi que linkedin es un poco como la homeopatía, hay a quien oyes que a él le funciona y no sé yo si es solo publicidad engañosa…

 El caso es que sea como sea, mi cabeza no está en el limbo, es decir, ya estará dónde me digan que tengo el salario. Y eso, claro está, repercute en parejas. Habrá quien cada semana vaya con tres y las olvide a la siguiente, pero tampoco soy George Clooney y de todos modos, si yo no me veo en un sitio, no soy capaz de imaginarme nada con ninguna perspectiva y por lo tanto mi esfuerzo a este respecto es cero absoluto. Así que ya no es una cuestión de que una pareja no pueda tener hijos si no tiene estabilidad económica, es que ni se me pasa por la cabeza besar a nadie si tengo a la espera convocatorias en Eslovaquia o Reino Unido o Suecia o Texas porque no es posible empezar algo premeditadamente destinado a acabar tal como se empieza. 

Y esto es un aviso a Ceuta y Melilla. Ya no es que se estén legitimando situaciones que violan los derechos humanos, es que si la valla es eficaz, en 2060 en Europa; todos viejos y muy pocos. Y ya digo, olvidándonos de imprevisibles efectos colaterales, todos feos también.     

  

Resultados

Bueno, lo voy a intentar resumir:

Por una razón u otra no tengo ni la más mínima vergüenza para reflejar que nací en Vigo con la Constitución Española, es decir, una a la que ni yo, ni muchos, hemos dado el visto bueno, y que todos los gobiernos incumplen sistemáticamente, (sí SISTEMÁTICAMENTE) y que solo tuve un asunto durante 3 años con una checa en la República Checa desde los 35, un asunto que en su momento debería haberse alargado hasta el infinito sí, que soy doctor en biología, con máster, CAP y todos los documentos de títulos que os podáis imaginar, pero hablo de los de verdad, no de los de Cifuentes y compañía, pero con pocos artículos, eso sí y algún libro y otro de ciencia ficción, que he trabajado solo unos 5 años como se considera un trabajo en la actualidad, es decir, con salario, y que esto sucedió en Portugal, República Checa, Mississippi y Melilla. Lo de Pontevedra de la UNED (145 euros al mes o 147, no me acuerdo muy bien), lo voy a dejar como un no-salario por trabajar durante una hora con alguna tutoría remuneradamente y una semana a la semana para preparar las respectivas clases. Y que bueno, ningún día de mi vida he sentido ni una mínima seguridad de que iba a tener posibilidades de garantías de trabajo en España, y hablo también de aquellos tiempos ochenteros de la droja gallega, los noventeros del “España va bien”, de las vacas locas gallegas, de las vacas con garantía de Galicia calidade, del AVE gallego que no llega, y cuando lo haga, a ver si supera los 100 km por hora pero con las ruedas en el suelo, no por los aires…, y de los dosmileneros del Prestige e Irak en busca de armas de destrucción masiva o de petróleo creo, no sé, digo en Irak, no en las mareas negras consecuentes...   

Solo añado que si una historia como la mía, en la que no hay ni una mínima desgracia de ningún tipo, está muy repetida entre la población de España, porque de Vigo sé por experiencia que algo de repetición hay, ya me diréis cómo alguien puede pensar que el problema de natalidad en el reino es solucionable.

Lo que sí puede ser solucionado es que esto que el lector lee lo repita. Hay que considerar que ya es difícil pues ya dije que muchos de los quebraderos de cabeza aquí reflejados se deben en parte a la generación que me tocó vivir pero hay cosas que cualquiera puede extraer de este capítulo. Pese a que hay pocas cosas de las que me arrepienta hasta ahora en cuanto a mis decisiones.


Conclusiones


Ya sé que estas normas de prevención pueden no ser del todo eficaces y que serán muy difíciles de seguir. Y para muchos, hasta imposibles de seguir. Y bueno, hay un modelo matemático relacionado con la teoría del caos que viene a decir que aunque haya en principio azar en los sistemas, en cualquiera de ellos existen pozos de probabilidad o atractores que harán que pese a que se intente evitar algo, la probabilidad de ocurrencia de determinados eventos hará que estos seguramente ocurran de todos modos.

No obstante y aunque no sufras de nada particularmente grave, si quieres evitar mi vida, yo creo que deberías seguir las siguientes instrucciones:

1)
Si te es posible, frena los enamoramientos cuando percibes que no van a ningún lado pues en muchas ocasiones puede que no vayan a ningún lado como consecuencia indirecta de que estás demasiado enamorado.

2)
Haz diques de contención o si no puedes, huye lo antes posible de personal que ves tóxico, excepto si es un amigo que se ha vuelto tóxico para ti. En cuyo caso estudia bien si es amigo, o es realmente un desconocido desde un principio que te fue presentado por un amigo como tu nuevo amigo. No te sientas culpable por ello pues pese a lo que oigas de los milagros futuros de la biología, es muy probable que tú no seas de las personas que vayan a tener tiempo ilimitado en la vida.      

3)
Haz biología e investigación en biología en España solo si estás metido en un campo en auge por la moda del momento o porque en el momento en el que te metas en ello es un tema absolutamente aplicable, y mejor si está relacionado con la biomedicina. Si no es así, hazlo solo si dentro de los predoctorandos tienes pruebas para ti mismo de que tienes capacidades intelectuales o de esfuerzo por encima de la media de científicos de tu edad pues la competencia que te vas a encontrar en combinación con la escasez de puestos precarios o no, temporales o no, va a ser abrumadora.

4)
Si eres vigués y puedes hacer una carrera y quieres algo sencillo hasta cierto punto, con poca matemática y con posibilidades laborales cerca de dónde estás y no estás obcecado con hacer biología, haz psicología. Puede que acabes tan loco como un investigador biólogo, pero tendrás más posibilidades de trabajo en tu zona, más reputación y las personas estarán más abiertas a escucharte y atenderte, incluso se interesarán por tu profesión aunque crean que no te necesiten y nunca pensarán que estás involucrado en un gasto a fondo perdido de dinero público o en la creación de medicinas maléficas que no curan o cosas por el estilo.

1)                   
Olvida el rencor y sobre todo el pasado

Contradiciendo a Niño Becerra (ya digo que hay muchos puntos fácilmente contradecibles en sus opiniones socioeconómicas y de previsión), un amigo que dejó de ser capitalista nada más conetmplar por primera vez como funciona la logística de una empresa gallega, me dice que a mí y a muchos como yo y de mi generación y mi curriculum nos ha lastrado la cerrera de Biología y la científica. Y yo sigo creyendo que lo único que nos lastra a los científicos biólogos españoles (no voy a hablar de otras ciencias ahora), y por lo tanto, al I+D y a la sociedad es la sociedad viguesa, la gallega y la española.



[1] En los “no creyentes” incluyo a creyentes, agnósticos y ateos dado que no conozco ninguna religión que no se autoproclame única y excluyente de las demás y, por lo tanto, siendo creyente en alguna opción, ese sujeto elige más bien ser no creyente de una cantidad inmensa de otras posibles creencias. De este modo, un ateo y un creyente solo se diferencian en que el ateo también lo es de la religión de la que es confeso ese creyente en particular.

[2] Si es posible siempre me ha gustado nombrar en cualquier contexto las teorías físicas más desquiciantes y más modernas. Aunque debo reconocer que de esta, puedo decir que no tengo ni idea de ella…
[3] Fenotipo podría definirse como la consecuencia de la expresión genética de un gen o de un conjunto de genes.
[4] Aunque quizá el asunto es algo más complejo, para el ser humano podríamos acotar esto al término eficacia biológica.
[5] Aunque para mí, la primera cosa viene con la otra, pues si eres susceptible de usar creencias no demostrables por definición, para explicarte cosas en cualquier momento, entonces nadie debería poder confiar en tu objetividad a la hora de hacer ciencia.